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El Cafeto
Se expande el surco que la vida encierra,
y por la herida que le abrió la mano ,
va penetrando la ilusión y el grano,
en el vientre fecundo de la tierra.
El zumo del dolor mojó su pulpa,
y de la gleba que el tesoro abriga,
revienta la promesa que se espiga,
bajo la sombra que a la luz disculpa.
Y de un dolor de surco ennegrecido,
de aquel soñar del obrero impreterido,,
surge el cafeto, que a la agraria mano,
en la hora crucial de las congojas,
le brinda la esperanza de sus hojas,
y el botin aromoso de su grano.
I. Dávila López

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Arbusto de café
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