Me seguiste tenaz en un adiós silente
y en un impulso que marcó tu orgullo,
no dejaste escapar ningún murmullo,
para que no notara lo que tu alma siente.

Tu hondo mirar se desplomó en el suelo,
en aquel lugar y a aquella hora,
semejabas un ave soñadora,
que la fulminan en mitad del vuelo.

seguiste tras de mí y te marchaste.
Yo te seguí mirando al alejarte,
y noté que tenías el alma rota;

Pues ese corazón que tu no engañas,
dejó escacapar mi vida en una gota
que no viste temblar en mis pestañas.

Dylia©Marita

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20/12/04