
Cuando era niña ante una pena dura
tomaba algún camino y por el barro,
le daba puntapiés a algún cacharro
y sublimaba así mi desventura.
Mas hoy al congraciarme con el mundo
descubrí, que el espiritu sensible,
a fuerza de ofrecer lo indefinible,
en el juego de dar se hace fecundo.
Hoy me siento tan triste y he sufrido,
que tiraría el corazón dolido
aunque diera mil botes sobre el barro;
Y libre del dolor y de la herida,
cruzaría los trillos de mi vida
dándole puntapiés como un cacharro.

Dylia©Marita
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