Amor, cuando llegaste al predio mío,
un regalo floral muy insinuante,
mis mañanas marcó. Soy penitente.
Por el mismo pecado del rocío.
En mi vocablo la palabra hastío
palideció,
desvaneciéndose de repente.
Se abrió mi alma así, como una fuente,
y se lanzó para besar el río.
Aún tengo tu beso. El vaso lleno
conserva aromas ancestrales.
El ser que así no siente está perplejo...
Y... ¿sabes, dulce amor?... tus místicos aromas
me recuerdan las viejas catedrales
donde anidan, por siglos, las palomas.
Dylia©Marita